ALELUYA AMAZONAS

BARRANQUISMO EN LA CATARATA GOCTA Y EN KUÉLAP SE PUEDE VER EL COLIBRÍ MARAVILLOSO
Catarata Gocta

Durante siglos, los Luya, herederos de la cultura Sillaos, han vivido en condiciones extremas al sur de Chachapoyas. Con más de 140 sitios turísticos, resulta imponente la ciudadela de Kuélap, los célebres sarcófagos del Pueblo de los Muertos, la enigmática caverna de Quiocta, toda una cultura viva en tiempo presente, que hablan muy bien de la capital arqueológica de la región Amazonas.


Publicado en el diario Expreso

Pensando en el turismo sostenible, se han juntado –como no podía ser de otro modo- algunas instituciones locales. Caritas Diocesana Chachapoyas está ejecutando el proyecto Ventana para el Desarrollo Local (VDL), financiado por Provias Descentralizado, a fin de fortalecer a la Asociación de Turismo Pucatambo de Lámud que promueve las capacidades de atención al turista, la promoción del turismo rural comunitario, en un interesante circuito turístico por los atractivos de Luya, e incluso, por la catarata Gocta.

Y así, casi sin pestañear, nos enrumbamos al pueblo de Lámud, capital de la provincia de Luya. Una hora después, doña María Soledad Cotrina Torrejón, presidenta de la Asociación de Turismo Pucatambo, nos recibe bajo la mirada del Cristo Redentor y la fe del Señor de Gualamita, precioso retablo de la Escuela Cusqueña que en 1700 se trasladaba a Quito (Ecuador), pero por esas cosas del destino se quedó a vivir en el corazón de Lámud.

Pueblo de los Muertos
Muertos de Barro
Nos echamos a andar. Un pie tras otro. La misión era llegar al Pueblo de los Muertos (a 10 kilómetros de Lámud), nombre impuesto por el legendario explorador Gene Savoy, allá por 1966, al encontrarse con gran cantidad de sarcófagos antropomorfos. El camino está salpicado de piedras, cactus y flores silvestres. Levantar la mirada al frente –como lo hizo el investigador alemán Stefan Ziemendorff en el 2005- es divisar la majestuosidad entera de la hoy famosa catarata Gocta. Y abajo, el río Utcubamba –que en esta época del año- corre marrón y disforzado entre las montañas.

Suspendidos a 700 metros sobre el filo del abismo saltan a la vista un conjunto de edificaciones circulares, unos 60 sarcófagos y algunas pinturas rupestres en medio de una montaña de roca calcárea, El nombre de sarcófago viene del griego “ser devorado por los gusanos”. El arqueólogo Federico Kauffmann y el paleontólogo Giancarlo Ligabue (Los Chachapoyas, moradores ancestrales de los Andes Amazónicos Peruanos, 2003), dicen que los sarcófagos han sido elaborados con arcilla mezclada con paja de ichu, que sirvieron para cubrir a las momias que datarían del año 200 después de Cristo.

Paisaje camino a Luya
Vientre Materno
Oscuridad absoluta. Botas y linternas a mano. Intentar entender a las piedras. De Lámud, a 30 minutos en auto se llega a la caverna de Quiocta, descubierta en el 2002 por el poblador José Espinoza Hortecho, mientras recolectaba orquídeas de la zona. El ingeniero Fernando Santillán Meza, Coordinador del Proyecto VDL, nos comenta de los trabajos que ejecutaron para mejorar el camino empedrado que facilita su acceso a la cueva que se estira en unos 600 metros de largo. Ya en el interior de esta enorme caverna, el orientador turístico, Orlando Poquis Ramírez, toma unas hojas de coca y hace un ritual a los entierros preincas que comparten espacios con las abundantes formaciones de estalagmitas y estalactitas.

Curiosamente, estas formaciones pétreas han formado caprichosas figuras que se parecen a “la momia”, “el lanzón”, “la ciudad perdida de los Chillaos”, “la fuente de los deseos”. Pero Quiocta no sería la única caverna a visitar. Vaquin, Lenchanda, Huacangral son algunas de las alucinantes 22 cuevas reportadas que habría cobijado al hombre precerámico de Chachapoyas.

Ciudadela sagrada de Kuélap
Colibrí de Kuélap
Desde que se inició el Proyecto Kuélap (en el distrito de Tingo) en el 2003, su evidente trabajo de restauración y puesta en valor está dando sus frutos, a tal punto –como dice nuestra guía de turismo Olga Susana Vargas Silva- ya no se considera una fortaleza sino una ciudadela sagrada. Se estima que los antiguos chacha, quienes apoyados de etnias como los Luya, Chillaos, Paclla y Chilchos, habrían utilizado 10 mil toneladas de piedras caliza y arcilla para levantar este centro religioso que data de unos 500 años después de Cristo.

Este sitio contemporáneo a los mochicas y caxamarcas, fue descubierto en 1834 por el juez de Chachapoyas Juan Crisóstomo Nieto. El cronista Cristobal de Albornoz, en 1570, decía que el lugar sagrado de los chachapoyas era una lagunilla llamada Cuychaculla. Hoy se sabe que en la parte alta del pueblo de María (cerca de Kuélap) existe una pequeña laguna conocida como Cuchacuella. Para el arqueólogo Alfredo Narváez, se trata de la misma laguna, y asegura que esta fue para los chachapoyas lo que el Titicaca fue para los incas.

Pero lo que muy poco saben es que en la espesa vegetación del cerro La Barreta donde se asienta Kuélap, es también refugio del Colibrí Maravilloso o Cola Espátula (Loddigesia mirabilis). Los esposos Irma Prieto y David Granthon, hace poco -mientras rodaban un documental para TeleAmazonas- se encontraron con este colibrí espectacular, único y el más buscado del mundo. Se le llama Cola Espátula porque su cola tiene sólo cuatro plumas. Las dos plumas centrales son bien largas que terminan en raquetas de color púrpura, y al estar en movimiento puede confundir a los observadores, creyendo que se trata de dos mariposas que revolotean alrededor. Una historia más para agregar al circuito ecoturístico.

Visitantes camino a la catarata Gocta
Salto de Gocta
Telésforo Santillán Sánchez es hoy en día el pionero de los guías que llevan a Gocta desde el pueblito de Cocachimba (provincia de Bongará). Don Telésforo recuerda el día en que conoció al alemán Stefan Ziemendorff, un 10 de mayo del 2005. Después, el 26 de febrero del 2006 realiza las medidas de la catarata Gocta. Luego lanza la noticia al mundo. Entonces rápidamente tomó trascendencia internacional por ser la tercera catarata más alta del planeta con 771 metros de altura.

Hoy por hoy, Gocta atrae a muchos turistas, especialmente a los amantes de la caminata, la cabalgata en caballo, la naturaleza, el avistamiento de aves como el gallito de las rocas (Rupicola peruviana). Sólo hay que entender que ganar recursos económicos en turismo es garantizar la preservación del hábitat, sin agotar los recursos naturales. Y Gocta necesita de su naturaleza íntegra.

Arco Iris en las campiñas de Lámud
En los próximos días arribará una delegación de españoles, quienes se proponen hacer turismo de barranquismo, de aventura extrema, usando una técnica mezclada de espeleología y alpinismo. Se trata de bajar por la catarata apoyado de cuerdas (tipo escalada en roca), pero desafiando la fuerza del agua, el salto al vacío, la inmensidad del vértigo, el éxtasis, la adrenalina. Gocta tiene todo.

Antes de regresar a Lima, hablamos un poco de turismo con los amigos Franklin Chinguel, Miguel Arellano, Carlos Mantilla, Nelson Troncoso, Roberto Castro, Héctor Lujan, Windy Acuña, Roxana Mori, Kazumi Nagamine, Milagros Santamaría y Jessica Chuquizuta. Todos coincidimos que en Chachapoyas hace falta el transporte aéreo. Doña Charo Reyna nos invita un delicioso licor de maracuyá, y la conversación se anima aún más. Irónicamente nos asegura que “en Chachapoyas es el único lugar donde se ve el arco iris a medianoche”. Y así fue.


99 Años de Ingenio
Cesareo Torrejón Ramos tiene 99 años de edad. Es del pueblito de Lopecancha. En 1955, se fue a vivir al barrio de San Antonio (a 10 minutos de Lámud) y allí fundó el Molino San José, un molino de piedra que actualmente sigue triturando granos de trigo, maíz, cebada y chochoca. A lo largo de su vida, se dedicó a reciclar materiales que le sirvieron para implementar una ingeniosa sala de máquinas cepilladora de madera, trilladora de granos, e incluso, desvió un cauce de agua en caída tuvo energía eléctrica, energía limpia. Su invento es único, tanto que lo ha complementado con un horno artesanal, un módulo agroturístico, un trapiche jalado por bueyes, una sala de tejidos a cintura. Hoy, Molino San José, es una experiencia original del turismo vivencial de Luya.

Texto y Fotos: Iván Reyna Ramos

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